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Marulanda, un paraíso escondido.

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Por: Víctor Zuluaga Gómez

Hace ya algunos años, después de haberme radicado en Pereira, visité por primera vez a la población de Marulanda, pequeño pueblo colocado en la Cordillera Central como una especie de pesebre. Mi padre había tenido una droguería y oficiaba como médico de pueblo por unos seis años. Allí nací y muy temprano mi padre resolvió trasladarse al Tolima.

Dictaba una conferencia en el Banco de la República de Manizales cuando al final se me acercó un profesor de apellido Chica y al saber que yo era oriundo de Marulanda me extendió una invitación para que lo visitara y me alojara en una vivienda que tenía la Cooperativa lanera.

Estar en Salamina, una de las antesalas de Marulanda, es poder disfrutar de un pueblo que tiene unas antiguas construcciones de una valor arquitectónico extraordinaria en la medida que fueron propiedades de grandes comerciantes que surtían a las poblaciones mineras como Riosucio, supía y Marmato.

Pero al llegar a la altiplanicie en donde se encuentra San Félix, una pequeña población que antecede a Marulanda, los paisajes que se pueden divisar, nada tienen que envidiarle a los suizos, que son referente de sitios privilegiados por la naturaleza. Y ya en Marulanda, la Cooperativa lanera que produce las famosas ruanas y cobijas de lana, no deja de ser un sitio en donde se conserva una maquinaria del siglo XIX y una producción artesanal que representa uno de los mayores ingresos debido a la presencia de miles de ovejas que se encuentran dispersas por toda la geografía de Marulanda.

Su nombre proviene del General Cosme Marulanda, radica en Salamina, población de la cual fue tres veces alcalde. Sus extensas propiedades limitaban con el Tolima y como General, recibió dichas tierras baldías en compensación por su participación en varias guerras civiles. Pero agotado por las guerras a las cuales llevaba a sus trabajadores, resolvió un buen día repartir gran parte de sus tierras a campesinos que en el pasado lo habían acompañado en las diferentes campañas, y el resultado fue la aparición del pueblo de Marulanda.

Muy seguramente con el auge que está teniendo el turismo en todo el país, Marulanda y San Félix seguramente se convertirán en sitios obligados para la visita de extranjeros y desde luego, nacionales que quieran disfrutar de enorme bellezas naturales. Eso sí, la infraestructura para la recepción de turistas, tendrá que significar inversiones en hotelería y mejoramiento de las vías de comunicación.

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